Por: Juan Carlos Nava Helguera
“Hay un mundo más allá del nuestro, un mundo invisible, lejano
Pero también cercano. Allí vive Dios, viven los muertos, los espíritus y los santos.
Es un mundo donde todo ha sucedido y donde todo se sabe.
Este mundo habla y tiene un lenguaje propio.
Los hongos sagrados me llevan y me traen al mundo donde todo se sabe”
-Maria Sabina, Chamana mazateca
Los hongos alucinógenos del género psilocybe, de los cuales se consiguieron aislar los principios activos psilocibina y psilocina, producen en el consumidor alucinaciones visuales, auditivas y estados de conciencia que, según estudios, sólo pueden alcanzar monjes o gurús tras varios años de prolongados ejercicios de meditación y respiración. La farmacéutica Sandoz vendió estas cápsulas en 1962 con el nombre comercial de de Indocybin y tuvo un amplio uso en el campo de la psiquiatría antes de su prohibición.
Actualmente sus principios activos se encuentran en la lista I de sustancias controladas por la OMS y en México es ilegal la producción o el consumo de estos hongos, lo cierto es que un tiempo antes de su prohibición, estas y otras sustancias psicoactivas se emplearon con éxito en el campo de la psiquiatría.
La historia
El uso de los hongos alucinógenos se remonta a la época prehispánica. Los aztecas les llamaban “teonanácatl” que en náhuatl significa “Carne de dios”. Fray Bernardino de Sahagún y el Dr. Francisco Hernández, médico personal del Rey Felipe II de España describieron el uso de estos hongos psicoactivos en rituales religiosos en el México posterior a la conquista. Para los eclesiásticos europeos eran especialmente repulsivos e hicieron todo lo posible para erradicar su uso. Durante cuatro siglos nada se supo sobre el culto a los hongos. La iglesia hizo un trabajo de persecución tan exitoso que logro desplazar el culto a la clandestinidad.
En 1916 tras una búsqueda en México el Dr. William E. Stafford, un prestigioso botánico americano concluye que los hongos no existen y piensa que los cronistas españoles los confundieron con el peyote seco (Lopophora Williamsii). Sin embargo, entra en escena el Dr. Paul Reko, quien dudando de las afirmaciones de Stafford, en 1936 ¡dos décadas después que Stafford diera por cerrado el caso! retoma la investigación acerca de los hongos en conjunto con Richard Evans Schultes. Los próximos años se dedicarían a estudiar a los indígenas mazatecos de Oaxaca.
Existían reportes acerca del uso de hongos en rituales curativos en un pueblo llamado Huautla de Jiménez. Colectaron en Huautla muestras de Panaeolus Sphinctrinus, especie que pensaban era la principal usada en los rituales y otra llamada Stropharia Cubensis. El Dr. Carl Gustaf Santesson trabajó en Suecia en el análisis químico de estas especies, pero Santesson moriría antes de completar la caracterización de los principios activos. Reko y Schultes interrumpieron sus investigaciones debido a la Segunda Guerra Mundial. Nuevamente el secreto de los hongos quedaba en el olvido.
Posteriormente, el primer no indígena en presenciar una velada chamanica con hongos fue un banquero suizo llamado R. Gordon Wasson. Su esposa Valentina Pavlovna, aficionada a colectar hongos silvestres y a todo lo que tuviera que ver con hongos introdujo a Wasson en este mundo. No tardó en toparse con informes acerca del Teonanacatl, un hongo mágico que se empleaba en el sureste mexicano con fines rituales.
Wasson contacta a Schultes quien le da pistas de donde podría encontrar remanentes de este culto a los hongos: Huautla de Jiménez. Wasson emprende una expedición a México que lo llevaría el 29 de junio de 1955 a probar por primera vez los hongos alucinógenos en una velada chamánica. Poco tiempo después conocería a Maria Sabina, una chamana mazateca que curaba empleando los “niños santos” como ella cariñosamente les llamaba a los hongos. María Sabina sería pieza clave en la demostración de las propiedades curativas de los hongos
Wasson en otra de sus expediciones en 1956 a Huautla invita al micólogo francés Roger Heim, director del Museo Nacional de Historia Natural en Paris y experto en hongos tropicales. Su tarea fue supervisar la colecta de estos hongos y su determinación taxonómica. En su equipo estuvo el Dr. James Moore, químico de la universidad de Delaware con experiencia en síntesis de psicoactivos y de armas químicas para la CIA. Moore trabajo en el análisis de los principios activos y en la síntesis química para la CIA. No tuvo éxito y si lo hubiera tenido probablemente nunca hubiéramos sabido de la existencia de los hongos mágicos.
Mientras Moore trabajaba el problema de la extracción y síntesis, Heim se enfrentaba a la tarea de lograr cultivar estos hongos in Vitro. Entonces ante la problemática de la síntesis, Heim se comunica a Sandoz, la farmacéutica Suiza pidiendo su ayuda en la identificación de las sustancias alucinantes de los hongos. Sandoz aceptó la propuesta de Heim y este envió 100 g secos de una especie de hongo que más tarde sería identificada como Psilocybe Mexicana, nada más y nada menos que a Albert Hoffman el célebre inventor de la Dietilamida del Ácido Lisérgico (LSD), el alucinógeno más potente conocido hasta nuestros días.
Hoffman en 1958 consiguió aislar los principios activos de los hongos alucinógenos y les llamo psilocibina y psilocina. En 1962 Hoffman viajó a Huautla para conocer a Maria Sabina y en agradecimiento a su colaboración le regaló cápsulas de psilocibina pura. Maria Sabina no notó diferencias entre estas y sus hongos sagrados. Sandoz comercializó estas cápsulas con el nombre de Indocybin. Este medicamento tuvo un amplio uso en el campo de la psiquiatría antes de su prohibición.
Y es que a partir de la Convención Única en 1961 sobre regulación de estupefacientes, muchas drogas como la mariguana, la cocaína, la heroína y la morfina quedaron prohibidas y los países asistentes se comprometieron a erradicar el consumo en sus naciones. La psilocibina y la psilocina serían prohibidas en el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas celebrado en 1971 en Viena.
La página oficial de Sandoz, en España en una revisión histórica de sus principales descubrimientos ni siquiera hace referencia a Hoffmann y sus descubrimientos del LSD y la psilocibina. La psilocibina y la psilocina se encuentran en la lista I de sustancias controladas por la OMS. Las sustancias de la lista I no tienen aplicaciones en investigación ni en terapia, así que prácticamente está prohibido su uso a cualquier nivel. En México es ilegal poseer psilocibina u hongos alucinógenos.
Aplicaciones
En 1961 el Dr. Timothy Leary de la Universidad de Harvard comenzó a trabajar en la prisión estatal de Concord en Massachussets con prisioneros de alta peligrosidad esperando que la psilocibina pudiera re-adaptarlos a la sociedad y volverlos ciudadanos más responsables. El Dr. Stanley Krippner resume en 1968 los resultados obtenidos en Concord.
“Los registros de la prisión de Concord nos dicen que el 64% de los prisioneros regresa a prisión en unos 6 meses después de que han sido puestos en libertad condicional. Empleando test de personalidad antes de emplear la psilocibina y después de usarla se ha podido medir cambios favorables en el comportamiento de los prisioneros.”
En diciembre de 1963, apareció un ensayo en el Journal of Nervous and Mental Diseases recopilando los descubrimientos de los test de psilocibina a 129 hombres y 48 mujeres. 70 % pensó que la experiencia fue placentera, 88 % sintió que había adquirido algún tipo de conocimiento o habían tenido alguna visión importante para sus vidas. 62% dijo que la experiencia había cambiado sus vidas y las había mejorado. 90% estaban de acuerdo en volver a experimentar con la droga.
Se cree que desde tiempos inmemoriales los indígenas de la zona de Oaxaca han venido realizando un desahogo semipúblico que los psicoanalistas mexicanos de la época hippie dieron en llamar narcoanálisis: "se le preparaba al paciente una infusión de beleño, peyote, hongos alucinantes y después de beberla, como dice Don Hernando Ruiz de Alarcón: 'soltaban la lengua, decían cosas muy peores y dizque luego se confortaban con tal hechicería'." Se supone que la potente mezcla de psicoactivos provocaba algún tipo de catarsis. El bebedor relataba sus conflictos y confesaba todos sus delitos sintiéndose después muy aliviado.
Hace más de 30 años, Salvador Roquet, un psiquiatra mexicano tuvo la idea de retomar las bases de este tipo de análisis para fundirlas con el conocimiento psicoanalítico de Occidente. Todo comenzó en el transcurso de una velada guiada por la mítica María Sabina. Roquet fue iniciado en las técnicas chamánicas que involucraban el manejo de plantas sagradas. Poco después, en noviembre de 1967, en la calle de Monterrey 132, en la Ciudad de México, Roquet llevó a cabo la primera sesión de una nueva terapia que tomaría el nombre de Psicosíntesis, una terapia que según describe el escritor José Agustín “empleaba una deformación del principio zen de llevar al paciente a un estado de completa confusión mental para que después se iluminara” Roquet trabajó con más de 1,700 pacientes, obteniendo una respuesta favorable al tratamiento en un 85% de los casos; cifra que contrasta con el bajo promedio de la psicoterapia clásica y sus altos costos.
Una de las innovaciones que introdujo Roquet fue la de usar las plantas completas en lugar de las sustancias químicas puras que usaban sus colegas en aquel tiempo. Roquet empleaba técnicas chamánicas de manejo energético y de grupos. Otra novedad del psiquiatra mexicano fue la introducción de escalas axiológicas, las llamadas Tablas de Hartman basadas en el concepto de amor universal, para cuantificar el avance de sus pacientes.
En 8 años de trabajo, se realizaron 720 sesiones con notables e inusuales índices de éxito dentro del marco de la psicología y psiquiatría contemporáneas que concluyeron abruptamente en agosto de 1974, cuando la clínica del doctor Roquet fue clausurada por las autoridades mexicanas con lujo de violencia. El doctor y sus colegas fueron acusados de provocar cuatro casos de psicosis en el transcurso de sus terapias psicosintéticas con enteógenos.
El asunto fue tan sonado que Roquet y sus colaboradores fueron a dar a la Cámara de Diputados. Durante una de las comparecencias, un grupo de psiquiatras y terapeutas estadounidenses manifestó al gobierno mexicano que "si al Dr. Roquet se le da libertad para continuar con sus exitosas terapias e investigaciones con psicodislépticos, la Ciudad de México bien podría convertirse en la capital psicoterapéutica del mundo." Al doctor no se le dio la oportunidad. Su clínica fue definitivamente cerrada y existe la gran duda sobre qué hubiese pasado si la psicosíntesis hubiese cobrado carta de naturalización entre los mexicanos...
Hoy, existen varios investigadores en el mundo que están trabajando con sustancias psicoactivas en sus campos terapéuticos. Entre ellos podemos citar a Richard Yensen y sus trabajos con MDA (Metilendioxianfetamina), al Dr. Jacques Mabit en la comunidad de Takiwasi en Perú y su exitoso enfoque para tratar adicciones con Ayahuasca al igual que el Dr. Joseph María Fericgla quien está haciendo otro tanto en España, aunque no se ha encontrado reportes oficiales de investigadores que actualmente se encuentren trabajando con hongos psicoactivos.