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Cuando aquella tarde salió de compras aprovechando que su esposo no estaba en casa, Rosario gozaba de perfecta salud, todo marchaba bien hasta que junto al ventanal de aquél restaurante observó con claridad el beso entre su esposo y una mujer para ella desconocida, fue entonces que perdió la vista.
Lo primero que hizo fue consultar a un oftalmólogo, quien luego de varios análisis le hizo saber que no existía ningún impedimento físico para que ella pudiera ver, sin embargo, el padecimiento persistía. Fue entonces cuando el oftalmólogo buscó indicios del origen de tan extraño fenómeno y al conocer la historia de Rosario, enseguida la remitió con un psiquiatra.
Luego de varias sesiones a Teresa se le diagnosticó ceguera histérica, que es una de las manifestaciones del padecimiento conocido como crisis conversiva. Las crisis conversivas son una manifestación de la histeria y es un viejo padecimiento “creo que de los más viejos que existen” dice el psiquiatra José Antonio Elizondo.
La palabra histeria viene de la raíz hysteros que significa matriz y en los tiempos de Hipócrates se decía que la matriz empezaba a girar por todo el cuerpo y esa era la razón de las crisis conversivas en las mujeres. “Por esta razón se quedó la idea de que la histeria era un padecimiento exclusivo de la mujer y que las crisis conversivas eran exclusivas de las mujeres” explica el doctor Elizondo.
Sin embargo, “hoy en día sabemos que también los hombres tenemos derecho a padecer crisis conversivas” declara el especialista. Y es que la reacción de conversión tiene que ver con un síntoma que traduce una disfunción del cuerpo en la que no hay un sustrato fisio patológico que justifique dicha disfunción” detalla.
Por ejemplo, la ceguera de Rosario “inconscientemente deseaba no ver lo que vio, y después de trabajar con ella en la aceptación de una realidad que ella no quería aceptar, que era la infidelidad de su marido, pues finalmente volvió a ver y aquí el diagnóstico fue una reacción conversiva de la visión. En otras palabras, ceguera histérica.” Dice Elizondo.
La histeria o crisis conversiva es un trastorno emocional que se da en pacientes con características muy peculiares explica el especialista “la histeria se da más bien entre personas sencillas, de baja escolaridad, con una pobre educación y por lo tanto se ve más en las áreas rurales que en las áreas urbanas”.
Indica también que, a pesar de la vida agitada y llena de estrés que hoy en día caracteriza la vida de la mayoría de las personas, se ha vuelto un padecimiento raro y mucho menos recurrente que hace 50 años ¿la razón? Según el facultativo se debe a que “las personas de antaño en lugar de verbalizar un conflicto lo somatizaban, es decir, ellos comunicaban a través de ciertos síntomas anormales que querían decir algo, por lo tanto, se volvía un gran reto para el terapeuta”.
Y continúa: “Hoy ya no se observa tanto porque la gente está mucho más acostumbrada a concretizar y a verbalizar sus problemas emocionales, cosa que antes no ocurría. Antes era algo no bien visto. Por ejemplo, en aquellos tiempos en los que todos los señores tenían su “casa chica” era un tabú para la esposa hablar de eso, ella debía callar y jugar su rol de madre sumisa, pero esto le generaba un conflicto muy serio y desencadenaba en somatización”.
“Actualmente si ocurre lo mismo dentro del núcleo familiar la señora no se queda callada, ahora agarra a su marido a “cacerolazos” y externa toda su furia, es decir, la sociedad actual nos ha permitido verbalizar nuestros conflictos. Porque hoy en día se ven tanto en radio como en televisión y sobre todo Internet, contenidos con temática de tipo emocional, cosa que hace 50 años no pasaba” explica.
Entre las manifestaciones de las crisis conversivas no sólo se encuentra la ceguera histérica que es una de las más raras que hay, sino también son frecuentes las parálisis o anestesia de medio rostro, de medio cuerpo, de piernas o manos y el mutismo histérico, en este último dejan de hablar porque tienen miedo a verbalizar el conflicto, debido a que si lo verbalizan saben que se ponen muy mal.
En cuánto a la incidencia se refiere, entre hombres se halla en el orden del uno por cada diez mil y en mujeres una de cada cien. En las mujeres la edad más frecuente en la que se presenta esta enfermedad oscila entre los 15 y los 30 años.
Por lo que al tratamiento se refiere, para las crisis conversivas se puede recurrir al placebo cuando de crisis conversivas menores se trata. Pero cuando las crisis son mayores, el especialista echa mano de antidepresivos y ansiolíticos, sin embargo, lo que realmente funciona a decir del doctor Elizondo, es la psicoterapia “ya que es necesario ayudar a estas personas para que verbalicen y manejen mejor el conflicto” concluye.
Texto publicado: Marzo-Abril de 2008
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